Margarita Suarez, una humilde mujer de Mérida, México, no era dueña de ningún albergue ni de ninguna organización benéfica para animales. Tampoco era una mujer de mucho dinero, ya que apenas ganaba lo suficiente para poder sobrevivir, pero ella nunca dejó de ayudar a animales necesitados. Margarita alimentaba a cerca de 20 gatos callejeros que llegaban a su puerta cada mañana y siempre llevaba consigo comida para alimentar a los perros que encontraba por las calles.

A principios de marzo, Margarita se tuvo que ir a vivir a Cuernavaca por razones de salud. Allí ella continuó alimentando y cuidando a los animales sin hogar de esa comunidad. Pero la salud de Margarita no mejoró y lamentablemente falleció.

Lo sorprendente es que no sólo la familia y amigos asistieron a su funeral, sino que también aquellos perros callejeros que Margarita había alimentado estuvieron presentes.

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Patricia Urrutia, hija de Margarita, dijo que los perros callejeros comenzaron a llegar al funeral desde muy temprano. Al principio ella pensó que eran perros de los trabajadores de la funeraria, pero  ellos indicaron que nunca antes los habían visto. Luego se dio cuenta que los perros ingresaban a la habitación donde se encontraban los restos de su madre.

Cuando Margarita fue trasladada a la Iglesia, los perros siguieron a la carroza funeraria y cuando regresaron al lugar del velatorio los perros también lo hicieron.

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Patricia cree que los perros callejeros fueron alimentados por su madre y ellos acudieron al lugar a mostrar sus condolencias. Los perros fueron siempre respetuosos e incluso amigables con las personas que se encontraban ahí.

Los familiares de Margarita no pudieron explicar cómo los perros llegaron a ubicar el lugar donde se encontraban sus restos, pero que fue reconfortante el saber que el amor que sentía Margarita por ellos era correspondido.

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Fuente: LifeWithDogs

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