Mientras que las separaciones se dan por muchas razones, algunos comportamientos son más destructivos que otros. Peter Pearson, el cofundador del Instituto Parejas en Menlo Park en California, indica que ve a diario, en su consultorio de terapia de parejas, y nos indica cuatro de las principales situaciones dañinas que acaban con una relación.

Es algo aterrador, ya que estos “asesinos del matrimonio”, como los llama Pearson, tienen una manera sigilosa de acercarse a ti.

Estos son:

1.- Mantener una actitud de “¿por qué tengo que cambiar?”.

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Cuando una pareja viene a recibir terapia, a menudo hay uno de ellos que está sintiendo a su pareja como crítico, exigente, insultante, retirado de la relación. Esta persona trata de hacer todo lo posible para manejar la crítica y atraer a su pareja, con poco éxito.

En el momento que llegan a terapia indican, “Ya he hecho de todo, es el momento para mí de desahogarme. Ahora tú, terapeuta, tienes que cambiar a mi pareja.”

Si esa actitud está muy posicionada en la persona. Tengan cuidado.

Básicamente, ellos están diciendo… “Mi pareja tiene que cambiar, y sólo si me gustan los cambios que hace, yo los haré también “.

Con esta actitud solo logran ser inflexibles y obstinados. Lo que se debe buscar es el cambio de ambos en paralelo.

2.- Encerrarte en tu propia “burbuja”

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Otro comportamiento tóxico es encerrarse en tu propia burbuja protectora. Las personas se encierran  en sí mismas, porque tienen miedo de mostrar cualquier vulnerabilidad.

“Salir de este estado tiene sus propios riesgos, tales como, ser rechazado y se necesita de un gran esfuerzo para manejar las reacciones emocionales”, indica Pearson.

Así que, si usted va a empezar a cambiar poco a poco, necesitará del apoyo de su pareja, ambos tienen que salir de sus propias burbujas. La sociología ha descubierto que la vulnerabilidad suministra el ancho de banda en una relación, de la misma forma que un módem da el ancho de banda al internet.

3 .- “El simple hecho de acostumbrarse a él o ella.”

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Es la historia común.  Dos personas se conocen, se enamoran, se casan y tienen hijos. Avanzan en sus carreras. Los niños crecen y se van de casa, al final, los padres se dicen a sí mismos, me casé con un extraño.

Es una sensación de “me casé con mi pareja para toda la vida”, indica Pearson, “no solo para un almuerzo. No sé qué hacer.”

Entonces, ¿Qué pasó?

Que dos personas puedan vivir juntas, no significa que compartan automáticamente su vida. Poco a poco, la energía que anima la relación va decayendo con el tiempo.

“Esto prepara el escenario para los amoríos”, dice Pearson, haciendo eco de las investigaciones. “Cuando se sienten paralizados en su matrimonio. Después conocen a otra persona y comienzan a sentirse vivos otra vez. No es solamente, por una experiencia sexual, la mayor parte de los casos, son un intento de sentirse vivos de nuevo”.

Lo devastador proviene de una falta de diligencia en la relación y es de poca ayuda suponer  que la pareja de años, debe saber de forma automática lo que uno quiere.

“La telepatía no es una confiable forma de comunicación”, afirma Pearson, sin embargo “eso no impide que las personas quieran y piensen, que su pareja debe tener esa habilidad.”

4.- Adaptándose demasiado

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Estar en una relación significa que dos personas viven en un mismo espacio y hacen todo tipo de cosas juntos. Naturalmente, las personas no van a encajar como engranajes dentro de un reloj. Todos tenemos diferentes hábitos, preferencias y sistemas de valores.

“Va a ser necesaria una adaptación de ambos desde el principio”, indica Pearson. “Pero cuando la adaptación se hace solo por parte de uno y no se toca el tema, es cuando empiezan los problemas.”

Ese comportamiento proviene de tres supuestos:

-“Tengo que complacer a mi pareja con el fin de ser aceptado.”

-“No podemos querer cosas diferentes, porque si queremos cosas diferentes, la relación no va a durar.”

– “Si yo hablo, voy a ser criticado. Las consecuencias serán muy negativas”.

Si estas suposiciones se afianzan, la relación puede quedar atrapada en la dinámica tóxica, como hostil-dependiente, donde una persona domina al otro.

Si bien se necesita una gran cantidad de tiempo y esfuerzo para volver a nivelar estos supuestos, Pearson afirma que  la comunicación es un comienzo esencial.

 


 

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Fuente: BI traducida por DebeVerse

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